
Nos sentamos y no supimos qué decir, no había más que hablar, no había ideas… Lo único que podía hacer era partir, de eso estaba seguro, tenía que irme, era lo más importante que podía hacer, irme, sin conocer el rumbo ni el destino, sin abandonarlo, solo el placer de moverme de un lado al otro, estar siempre en el medio…del camino.. no era cuestión de afectos personales, ni de abandonos, ni de reproches ancestrales, era solo el placer de partir sin rumbo fijo…
qué tiene que ver el amor con la necesidad de partir?..
Siempre lo quise, nunca lo supo, cada partida era un desfallecer constante,
nunca supo que lo amé, siempre en cada lugar de mis caminos…
siempre en cada lugar de mis caminos.
(Eduardo Pavlovsky)

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